Lejos de consolidarse como una alternativa segura y confiable, el sistema ferroviario mexicano, particularmente en las líneas Z y FA, ha acumulado un historial de accidentes e incidentes que lo colocan como una opción de transporte con riesgos estructurales, operativos y humanos que no pueden seguir minimizándose.
Un patrón que se repite en las vías
Desde 2022, los registros de incidentes ferroviarios muestran un patrón constante: choques en cruces a nivel, fallas durante la operación y descarrilamientos que evidencian debilidades en la infraestructura y en la gestión del riesgo. Aunque muchos de estos eventos no han dejado víctimas fatales, sí revelan un entorno ferroviario donde el error humano, la falta de señalización adecuada y las limitaciones técnicas de las vías convergen de manera peligrosa.
Uno de los primeros antecedentes relevantes ocurrió en febrero de 2022, cuando durante trabajos de construcción en la línea Z colapsaron los durmientes, provocando el movimiento inesperado de un tren de carga. El daño no fue menor: rieles doblados a lo largo de dos kilómetros y un vagón severamente afectado. Este hecho encendió alertas tempranas sobre la calidad de la infraestructura en tramos aún en desarrollo.
Incidentes frecuentes, consecuencias normalizadas
En los años siguientes, los incidentes continuaron. En marzo de 2024, una desviación de un tren de carga en Coatzacoalcos volvió a poner en evidencia problemas mecánicos y de vía, aunque sin víctimas. Meses después, en septiembre del mismo año, un automóvil fue arrastrado al intentar ganarle el paso al tren en un cruce ferroviario en Veracruz, dejando personas lesionadas.
Durante 2025, la situación se agravó en términos de frecuencia. Unidades de transporte público, tráileres y taxis protagonizaron choques con trenes tanto en la línea Z como en la FA. En Chiapas y Tabasco se registraron colisiones con vehículos pesados; en Veracruz, un taxi fue impactado al cruzar las vías sin advertir la cercanía de la locomotora, dejando heridas a una menor y a una mujer de la tercera edad.
Aunque en varios de estos casos el saldo fue catalogado como “blanco” o sin pérdidas humanas, la repetición de los hechos revela una peligrosa normalización del riesgo. La constante es clara: cruces ferroviarios deficientemente señalizados, falta de barreras físicas efectivas y una convivencia forzada entre trenes y tráfico vehicular en zonas urbanas y rurales.
El punto de quiebre: el descarrilamiento de 2025
El 28 de diciembre de 2025 marcó un antes y un después. Ese día, un tren de pasajeros con 250 personas a bordo descarriló en una curva del tramo entre Asunción Ixtaltepec y Ciudad Ixtepec, en Oaxaca. La máquina principal y varios vagones cayeron por un talud, dejando 14 personas fallecidas y más de un centenar de lesionados, de los cuales decenas requirieron hospitalización.
Una opción de transporte bajo cuestionamiento
Este historial no puede interpretarse como una suma de hechos aislados. En conjunto, los accidentes del tren mexicano reflejan problemas estructurales: infraestructura incompleta o mal adaptada, señalización insuficiente, falta de cultura vial en cruces ferroviarios y decisiones operativas que priorizan tiempos y eficiencia por encima de la seguridad.
Presentar al tren como una alternativa moderna y segura resulta difícil de sostener cuando los datos muestran una exposición constante al peligro, tanto para pasajeros como para comunidades cercanas a las vías.
Un riesgo que exige corrección inmediata
La historia reciente de los accidentes ferroviarios en México posiciona al tren como una opción de transporte con riesgos significativos que no han sido resueltos de fondo. Mientras no se corrijan las fallas de infraestructura, operación y control, cada recorrido seguirá cargando una amenaza latente.
La seguridad ferroviaria no puede depender de la suerte ni de la ausencia momentánea de víctimas. Requiere decisiones técnicas firmes, inversión real y una revisión honesta de un sistema que, hoy por hoy, sigue demostrando que no está preparado para garantizar la vida de quienes confían en él.
